Desde Acá. Cimientos para una Salud Situada
Revista del Instituto de Ciencias de la Salud | UNAJ | ISSN: 3008-7627 | Julio-Diciembre 2026 | No 6
tamente como violentas o frecuentemente como microviolencias, remite a dimensiones
estructurales más profundas, vinculadas al modelo biomédico dominante y al habitus
médico que organiza la formación profesional, la práctica clínica y las relaciones entre
equipos de salud y familias.
Existen supuestos implícitos, profundamente arraigados, en torno a la autoridad del
saber médico, los ideales de normalidad y los lugares que se espera ocupen quienes
diagnostican y quienes reciben el diagnóstico. Estos supuestos legitiman prácticas co-
municacionales asimétricas, incluso en contextos donde se promueven discursos y polí-
ticas orientadas a la humanización de la atención. Desde una perspectiva crítica, resulta
posible visibilizar cómo estas relaciones de saber y poder producen efectos subjetivos
duraderos en madres y padres, condicionando los procesos de duelo, las trayectorias de
cuidado y el vínculo con el sistema de salud.
En este marco, se vuelve imprescindible problematizar los procesos de formación de los
y las profesionales de la salud. La persistencia de prácticas diagnósticas vividas como
violentas no puede pensarse únicamente como una cuestión de orden individual, sino
como el efecto de currículas que continúan privilegiando una formación centrada en
el dominio técnico y biomédico, con escaso lugar para la reflexión crítica sobre la co-
municación de diagnósticos de discapacidad y sus efectos subjetivos. Incorporar de
manera sistemática instancias de formación que aborden el diagnóstico como un acto
clínico, ético y político, más allá de las técnicas instrumentales de comunicación, im-
plica revisar los supuestos de normalidad, autoridad y saber que estructuran el habitus
médico. Este tipo de formación resulta clave para habilitar prácticas que reconozcan a
madres y padres como sujetos de derecho, y no meramente como receptores pasivos de
información, promoviendo vínculos de cuidado menos asimétricos y más respetuosos
de la experiencia subjetiva.
En Argentina, la Ley Nacional de Diagnóstico Humanizado9 puede leerse como una
intervención institucional que irrumpe en un campo históricamente organizado por el
modelo biomédico dominante. Más que constituir un simple marco normativo orien-
tado a regular la comunicación de diagnósticos, la ley pone en evidencia la persistencia
de prácticas diagnósticas atravesadas por relaciones asimétricas de saber y poder. En
este sentido, su existencia resulta indicativa de los límites de los dispositivos clínicos
tradicionales para alojar la dimensión subjetiva del padecimiento y las experiencias de
quienes reciben un diagnóstico complejo en la infancia. Articulada con el modelo so-
cial de la discapacidad, la Ley de Diagnóstico Humanizado permite desplazar el foco
desde la condición individual de las infancias hacia las barreras simbólicas, discursivas
e institucionales que configuran la experiencia del diagnóstico, habilitando una lectura
crítica sobre las formas de autoridad, normalización y producción de subjetividad que
estructuran la medicina contemporánea.
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