Desde Acá. Cimientos para una Salud Situada  
Revista del Instituto de Ciencias de la Salud | UNAJ | ISSN: 3008-7627 | Julio-Diciembre 2026 | No 6  
Diagnóstico de discapacidad en el  
período perinatal: el poder demoledor  
del discurso biomédico.  
Disability Diagnosis in the Perinatal Period: The Devastating Power  
of Biomedical Discourse  
Diagnóstico da deficiência no período perinatal: o poder devastador  
do discurso biomédico  
Micaela Arias Mendoza1 (ORCID: 0009-0000-2699-4400)  
Melina Chindi2 (ORCID: 0009-0009-7575-5049)  
Pedro Silberman1 (ORCID: 0000-0002-7315-476X)  
Contacto  
Micaela Arias Mendoza - Email: micaela.arias@uns.edu.ar  
Filiaciones  
1. instituto de Ciencias de la Salud, Departamento de Ciencias de la  
Salud, Universidad Nacional del Sur, Argentina.  
2. Instituto de Rehabilitación Integral (IREL), Argentina.  
Fecha de recepción: 13-02-2026  
Fecha de aprobación: 05-05-2026  
Citar como  
Arias Mendoza M, Chindi M, Silberman P. Diagnóstico de discapacidad en  
el período perinatal: el poder demoledor del discurso biomédico. Desde Acá.  
2026; 6: p-p. 101-109  
Resumen  
Este trabajo analiza el impacto de un diagnóstico complejo en la infancia desde la pers-  
pectiva del modelo biomédico dominante. Se sostiene que el diagnóstico no es un acto  
neutral, sino una práctica social que produce sentidos, organiza expectativas y jerar-  
quiza formas de comprender el cuerpo, la enfermedad y la discapacidad. A través de  
un relato familiar, se evidencia cómo la comunicación del diagnóstico puede generar  
efectos subjetivos duraderos, incluyendo angustia, procesos de duelo por la pérdida del  
hijo/a ideal y percepción de relaciones asimétricas de poder. Se discute además el papel  
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de la Ley de Diagnóstico Humanizado en Argentina, que busca desplazar el foco desde  
la condición individual del niño/a hacia las barreras simbólicas, discursivas e institu-  
cionales que atraviesan la experiencia del diagnóstico, promoviendo una comprensión  
más crítica y humanizada de la atención médica en contextos de complejidad infantil.  
Palabras clave: Comunicación en salud, diagnóstico, discapacidad, infancia, modelo  
biomédico, humanización de la atención.  
Abstract  
is paper analyzes the impact of a complex diagnosis in childhood from the pers-  
pective of the dominant biomedical model. It argues that diagnosis is not a neutral  
act, but rather a social practice that produces meanings, organizes expectations, and  
hierarchizes ways of understanding the body, illness, and disability. rough a family  
narrative, it shows how the communication of diagnosis can generate lasting subjective  
effects, including distress, mourning for the loss of the idealized child, and the percep-  
tion of asymmetrical power relations. e paper also discusses the role of the Huma-  
nized Diagnosis Law in Argentina, which seeks to shiſt the focus from the individual  
condition of the child to the symbolic, discursive, and institutional barriers that shape  
the diagnostic experience, promoting a more critical and humanized understanding of  
medical care in contexts of childhood complexity.  
Keywords: Health communication, diagnosis, disability, childhood, biomedical model,  
humanization of care.  
Resumo  
Este trabalho analisa o impacto de um diagnóstico complexo na infância a partir da  
perspectiva do modelo biomédico dominante. Sustenta-se que o diagnóstico não é um  
ato neutro, mas uma prática social que produz sentidos, organiza expectativas e hierar-  
quiza formas de compreender o corpo, a doença e a deficiência. Por meio de um relato  
familiar, evidencia-se como a comunicação do diagnóstico pode gerar efeitos subjetivos  
duradouros, incluindo angústia, luto pela perda do filho idealizado e a percepção de  
relações assimétricas de poder. Discute-se ainda o papel da Lei de Diagnóstico Huma-  
nizado na Argentina, que busca deslocar o foco da condição individual da criança para  
as barreiras simbólicas, discursivas e institucionais que atravessam a experiência diag-  
nóstica, promovendo uma compreensão mais crítica e humanizada da atenção médica  
em contextos de complexidade infantil.  
Palavras-chave: Comunicação em saúde, diagnóstico, deficiência, infância, modelo  
biomédico, humanização da atenção.  
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Diagnóstico de discapacidad en el  
período perinatal: el poder demoledor  
del discurso biomédico.  
Micaela Arias Mendoza, Melina Chindi y Pedro Silberman  
Introducción  
“Cuando nació mi hija me dieron dos diagnósticos. La primera  
pediatra que la evaluó me dijo, de manera literal, que me llevaba  
una planta a mi casa. El neurólogo, en cambio, fue mucho más  
humano: me explicó que tenía una encefalopatía crónica no  
evolutiva, una parálisis cerebral que podía afectar la motricidad  
y el habla, y que a lo largo de su crecimiento se iría observando  
a
su evolución.”  
Este relato, reconstruido años después del momento diagnóstico, no se recuerda como  
una información clínica puntual, sino como una experiencia afectiva intensa, marcada  
por la angustia, el enojo y el desamparo. La escena permanece vívida, con un nivel de  
detalle emocional que da cuenta de que el acontecimiento no quedó circunscripto al pa-  
sado, sino que continúa inscribiéndose en la historia familiar. La forma en que el diag-  
nóstico fue comunicado se constituye así en un hito subjetivo que excede el contenido  
informativo y deja huellas persistentes en las trayectorias de cuidado.  
Lejos de tratarse de una experiencia aislada, este tipo de relatos se reiteran y se inscriben  
en prácticas diagnósticas atravesadas por relaciones de saber, poder y normalización.  
El diagnóstico no opera únicamente como un acto técnico de clasificación clínica, sino  
como una práctica social que produce sentidos, organiza expectativas y delimita modos  
legítimos de comprender el cuerpo, la enfermedad y la discapacidad.  
Metodología  
Este trabajo se inscribe en un enfoque cualitativo, de diseño exploratorio–descriptivo.  
El corpus empírico se construyó a partir de entrevistas semiestructuradas realizadas a  
madres y padres de niños y niñas con diagnósticos complejos en el período perinatal,  
a
Entrevista realizada en el marco del trabajo de campo de la investigación correspondiente a la tesis de  
maestría en Política y Gestión de la Discapacidad e Inclusión Social, Universidad del Gran Rosario.  
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en el marco del trabajo de campo desarrollado para una tesis de maestría en Política y  
Gestión de la Discapacidad e Inclusión Social (Universidad del Gran Rosario). Las en-  
trevistas fueron analizadas mediante procedimientos de análisis temático, priorizando  
la reconstrucción de sentidos, experiencias subjetivas y trayectorias de cuidado.  
Marco teórico  
El diagnóstico ocupa un lugar central en el campo de la medicina no solo por su función  
clasificatoria, sino también por su capacidad de ordenar intervenciones, habilitar circui-  
tos institucionales y producir efectos duraderos sobre las vidas de las personas. En este  
sentido, no puede ser pensado como un acto neutral u objetivo, sino como una práctica  
históricamente situada, inscripta en discursos, instituciones y relaciones sociales es-  
pecíficas1. Desde esta perspectiva, la medicina no se limita a describir la enfermedad  
tal como “es”, sino que produce formas particulares de ver, nombrar y comprender el  
cuerpo y el padecimiento.  
El saber clínico se constituye en estrecha relación con dispositivos institucionales, cri-  
terios de clasificación y modos de intervención que organizan lo visible y lo decible  
en cada época. Así, el diagnóstico no solo identifica una alteración orgánica, sino que  
delimita qué puede ser reconocido como problema, qué interpretaciones adquieren le-  
gitimidad y qué trayectorias de atención resultan posibles o esperables.  
Desde una lectura foucaultiana, la medicina moderna se configura a partir de una re-  
organización de la mirada clínica, en la que observar, nombrar y clasificar se articulan  
como operaciones fundamentales del saber médico. El diagnóstico produce una forma  
particular de inteligibilidad sobre el cuerpo, estableciendo parámetros de normalidad  
frente a los cuales los sujetos son evaluados y jerarquizados1. De este modo, el acto diag-  
nóstico participa activamente en procesos de normalización que exceden el campo es-  
trictamente clínico.  
Estas operaciones se articulan con relaciones de poder. El discurso médico se configura  
como un saber socialmente autorizado que establece criterios legítimos de interpreta-  
ción del padecimiento y organiza prácticas de intervención2. En el campo de la salud  
infantil, estas formas de producción de verdad adquieren efectos concretos sobre las  
trayectorias de atención y sobre las posiciones que ocupan niños, niñas y sus familias en  
el entramado institucional.  
El Modelo Médico Hegemónico (en adelante MMH), desarrollado por Menéndez, per-  
mite comprender cómo estas prácticas se sostienen y reproducen. Este modelo se carac-  
teriza por la centralidad del saber biomédico, la jerarquización de la figura médica y la  
subordinación de otros saberes y experiencias. El proceso salud-enfermedad-atención  
se organiza desde una lógica que privilegia lo biológico, fragmenta al sujeto y tiende a  
desatender las dimensiones sociales, culturales y subjetivas del padecimiento3.  
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En el marco del MMH, el diagnóstico se configura como un enunciado investido de  
autoridad científica, cuyo estatuto de verdad tiende a presentarse como incuestionable.  
Esta lógica favorece procesos de medicalización y privilegia una lectura de las infancias  
centrada en la dimensión orgánica, en detrimento de abordajes que integren las dimen-  
siones subjetivas, vinculares y sociales del padecimiento. Como consecuencia, el saber  
de los referentes afectivos suele quedar deslegitimado y su participación en la construc-  
ción de las trayectorias de cuidado se ve restringida.  
Estas prácticas no pueden comprenderse únicamente como decisiones individuales,  
sino que se inscriben en disposiciones duraderas incorporadas durante la formación  
profesional. En este sentido, el concepto de habitus propuesto por Bourdieu permite dar  
cuenta de cómo ciertos modos de percibir, nombrar y actuar se naturalizan en el ejerci-  
cio médico, orientando las prácticas clínicas de manera casi automática, sin un análisis  
consciente, y tendiendo a reproducir las lógicas dominantes del campo biomédico4. Esto  
significa que la manera en que el personal médico observa, comunica y prioriza infor-  
mación ya viene incorporada como parte de su entrenamiento, lo que puede limitar la  
atención de las dimensiones subjetivas, emocionales y sociales del padecimiento. Desde  
esta perspectiva, el MMH se sostiene no solo en saberes técnicos, sino también en es-  
quemas de percepción y acción que estructuran la relación médico-familia y legitiman  
formas específicas de comunicar y significar los diagnósticos3, influyendo directamente  
en cómo se vive la experiencia del diagnóstico.  
Normalidad, anormalidad y producción de discapacidad  
“Me dijeron que mi hija no iba a poder hacer nada, que no iba  
a hablar ni caminar. Es cierto que mi hija no tiene lenguaje  
verbal, pero se comunica; yo comprendo sus necesidades y lo  
que le gusta.b  
El diagnóstico de una condición compleja en la infancia se inscribe, además, en una  
matriz cultural que jerarquiza la normalidad corporal y la distinción entre normalidad  
y anormalidad. Esto no constituye una categoría descriptiva neutra, sino una construc-  
ción histórica e ideológica que organiza valoraciones, expectativas y formas de inter-  
vención sobre los cuerpos 5.  
Desde esta perspectiva, la discapacidad tiende a ser significada como déficit, desviación  
o falla respecto de una norma implícita. Esta concepción no solo orienta las prácti-  
cas clínicas, sino que contribuye a la producción social de la discapacidad, al reforzar  
miradas patologizantes y capacitistas que condicionan las experiencias familiares y las  
posibilidades de inclusión6. En el momento diagnóstico, estas lógicas se traducen en  
b
Entrevista realizada en el marco del trabajo de campo de la investigación correspondiente a la tesis de  
maestría en Política y Gestión de la Discapacidad e Inclusión Social, Universidad del Gran Rosario.  
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discursos centrados en el pronóstico, las limitaciones y la irreversibilidad, que anticipan  
futuros cerrados y afectan profundamente la elaboración subjetiva de madres y padres.  
Comunicación diagnóstica y producción de subjetividad  
Al momento de comunicarme el diagnóstico de parálisis  
cerebral, el neurólogo de mi hijo no me brindó un espacio para  
realizar preguntas. La información me fue transmitida de  
manera abrupta, al lado de la incubadora de mi bebé. El médico  
me informó y se retiró de inmediato, cuando yo me encontraba  
c
sola, apenas un día después del parto.”  
La reproducción de estas lógicas no se limita a los momentos formales de comunicación  
diagnóstica ni a la figura del médico especialista. En un traslado en ambulancia hacia la  
ciudad de Buenos Aires, mientras el bebé cursaba un cuadro convulsivo y era derivado  
para su evaluación, un camillero le preguntó a la madre: “¿Y tus otros hijos son norma-  
les?”. Esta intervención se inscribe en el mismo entramado discursivo que jerarquiza  
cuerpos, establece comparaciones normativas y refuerza una mirada capacitista sobre la  
discapacidad. Tal como ha sido desarrollado por los estudios críticos en discapacidad, la  
noción de “normalidad” no funciona como una categoría descriptiva neutral, sino como  
un constructo histórico e ideológico que organiza prácticas, valoraciones y modos de  
intervención sobre los cuerpos 6. En el campo de la salud, estas lógicas contribuyen a la  
producción social de la discapacidad, al reforzar miradas que definen a ciertos sujetos  
en términos de déficit o desviación respecto de una norma corporal hegemónica5.  
La escena permite visibilizar cómo el discurso biomédico impregna transversalmente a  
las carreras de la salud, configurando esquemas de percepción y clasificación que exce-  
den la formación médica estricta. El uso de la categoría “normal” opera como un acto  
performativo de fuerte impacto subjetivo, reactualizando la herida diagnóstica en un  
contexto de extrema vulnerabilidad emocional y física.  
Desde la teoría de la acción comunicativa, la comunicación no puede ser entendida  
como un simple esquema de transmisión de información entre un emisor experto y un  
receptor pasivo. Todo acto comunicativo implica procesos interpretativos, afectivos y  
relacionales en los que se construyen sentidos compartidos, se negocian significados y  
se habilitan, o se clausuran, posibilidades de comprensión7.  
Cuando la comunicación diagnóstica se orienta exclusivamente por lógicas instru-  
mentales y estratégicas, centradas en la autoridad del saber médico, se refuerzan las  
relaciones jerárquicas propias del MMH. En estos casos, la información puede ser téc-  
c
Entrevista realizada en el marco del trabajo de campo de la investigación correspondiente a la tesis de  
maestría en Política y Gestión de la Discapacidad e Inclusión Social, Universidad del Gran Rosario.  
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nicamente correcta, pero subjetivamente devastadora. La ausencia de espacios para la  
pregunta, la duda o la expresión emocional favorece que el diagnóstico se inscriba como  
un acontecimiento disruptivo, difícil de elaborar.  
Diagnóstico, hijo ideal y procesos de duelo  
Tuve un embarazo sin complicaciones. Para mí fue un shock  
que, a las pocas horas del nacimiento, me informaran que mi  
bebé tenía una discapacidad severa. Recuerdo ese momento  
como si fuese hoy: me sentía aturdida, no comprendía lo que  
estaba sucediendo y todavía puedo evocar los sonidos de las  
máquinas de la unidad de neonatología.”  
Desde una lectura psicoanalítica, el diagnóstico de una condición orgánica en la infan-  
cia confronta de manera abrupta con lo que el psicoanálisis ha conceptualizado como el  
hijo ideal. Antes del nacimiento, e incluso durante la gestación, madres y padres cons-  
truyen una representación fantasmática del hijo/a, investida libidinalmente y ligada a  
ideales, identificaciones y expectativas inconscientes8.  
La irrupción de una falla en lo real, una lesión orgánica, una discapacidad, un diag-  
nóstico complejo, produce una fractura en esa construcción idealizada. El diagnóstico  
introduce una pérdida, la del hijo imaginado. Esta pérdida no siempre es reconocida  
socialmente como tal, dado que el niño está presente y requiere cuidados; sin embargo,  
el duelo se produce igualmente, en tanto lo que se pierde es una representación psíquica  
investida de sentido del objeto amado y perdido.  
Freud describe el duelo como un proceso psíquico que se desencadena frente a una  
pérdida significativa, en el que el sujeto debe retirar progresivamente la libido deposi-  
tada en el objeto perdido para poder reinvestirla8. En el caso del diagnóstico infantil,  
este proceso no sigue una temporalidad lineal y puede reactivarse ante nuevos hitos del  
desarrollo, intervenciones médicas o situaciones disruptivas. Cuando la comunicación  
diagnóstica se realiza de manera abrupta o desde una posición de autoridad incuestio-  
nable, el impacto psíquico puede intensificarse. En estos casos, el relato del diagnóstico  
adquiere características traumáticas, permanece cristalizado, se revive con alta carga  
afectiva y reaparece en la narrativa familiar como un acontecimiento no simbolizado.  
Consideraciones inales  
Más allá de la abundante literatura que propone modelos, guías y protocolos para mejo-  
rar la comunicación de diagnósticos complejos, el presente trabajo sostiene que el pro-  
blema no se reduce a una cuestión técnica ni a la falta de habilidades comunicacionales  
individuales como la empatía. La persistencia de prácticas diagnósticas vividas explíci-  
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tamente como violentas o frecuentemente como microviolencias, remite a dimensiones  
estructurales más profundas, vinculadas al modelo biomédico dominante y al habitus  
médico que organiza la formación profesional, la práctica clínica y las relaciones entre  
equipos de salud y familias.  
Existen supuestos implícitos, profundamente arraigados, en torno a la autoridad del  
saber médico, los ideales de normalidad y los lugares que se espera ocupen quienes  
diagnostican y quienes reciben el diagnóstico. Estos supuestos legitiman prácticas co-  
municacionales asimétricas, incluso en contextos donde se promueven discursos y polí-  
ticas orientadas a la humanización de la atención. Desde una perspectiva crítica, resulta  
posible visibilizar cómo estas relaciones de saber y poder producen efectos subjetivos  
duraderos en madres y padres, condicionando los procesos de duelo, las trayectorias de  
cuidado y el vínculo con el sistema de salud.  
En este marco, se vuelve imprescindible problematizar los procesos de formación de los  
y las profesionales de la salud. La persistencia de prácticas diagnósticas vividas como  
violentas no puede pensarse únicamente como una cuestión de orden individual, sino  
como el efecto de currículas que continúan privilegiando una formación centrada en  
el dominio técnico y biomédico, con escaso lugar para la reflexión crítica sobre la co-  
municación de diagnósticos de discapacidad y sus efectos subjetivos. Incorporar de  
manera sistemática instancias de formación que aborden el diagnóstico como un acto  
clínico, ético y político, más allá de las técnicas instrumentales de comunicación, im-  
plica revisar los supuestos de normalidad, autoridad y saber que estructuran el habitus  
médico. Este tipo de formación resulta clave para habilitar prácticas que reconozcan a  
madres y padres como sujetos de derecho, y no meramente como receptores pasivos de  
información, promoviendo vínculos de cuidado menos asimétricos y más respetuosos  
de la experiencia subjetiva.  
En Argentina, la Ley Nacional de Diagnóstico Humanizado9 puede leerse como una  
intervención institucional que irrumpe en un campo históricamente organizado por el  
modelo biomédico dominante. Más que constituir un simple marco normativo orien-  
tado a regular la comunicación de diagnósticos, la ley pone en evidencia la persistencia  
de prácticas diagnósticas atravesadas por relaciones asimétricas de saber y poder. En  
este sentido, su existencia resulta indicativa de los límites de los dispositivos clínicos  
tradicionales para alojar la dimensión subjetiva del padecimiento y las experiencias de  
quienes reciben un diagnóstico complejo en la infancia. Articulada con el modelo so-  
cial de la discapacidad, la Ley de Diagnóstico Humanizado permite desplazar el foco  
desde la condición individual de las infancias hacia las barreras simbólicas, discursivas  
e institucionales que configuran la experiencia del diagnóstico, habilitando una lectura  
crítica sobre las formas de autoridad, normalización y producción de subjetividad que  
estructuran la medicina contemporánea.  
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