Desde Acá. Cimientos para una Salud Situada
Revista del Instituto de Ciencias de la Salud | UNAJ | ISSN: 3008-7627 | Julio-Diciembre 2026 | No 6
nen múltiples dimensiones (biológica, económica, política, simbólica). Entendidos en
términos de procesos de salud-enfermedad-atención, siguiendo a Menéndez6, estos se
desarrollan dentro de contextos sociohistóricos específicos y generan prácticas y repre-
sentaciones culturalmente diversas.
Definimos al cuidado, ampliando la idea de atención, como “un sistema de actividades
destinado a promover, sostener la vida y la calidad de vida de las personas, que se ca-
racteriza por la construcción de un lazo social” que tienda a “‘alojar’ al otro en acto.”7
(p.30). Dentro de los sistemas de cuidado de la salud pueden distinguirse dos niveles
interconectados: los del sistema sanitario (cuidados médicos o profesionales) y los que
realizan les sujetes de sí mismes y de las personas con las que conviven y se relacionan
(autocuidados)8. Entendemos que los “autocuidados” son también sostenidos y provis-
tos desde espacios comunitarios, y por otras instituciones más allá del sector salud,
considerando la amplitud de este tipo de prácticas.
En relación al cuidado que requieren las personas con discapacidad para sus actividades
cotidianas y desarrollo de proyectos personales, la organización social de los cuidados
expone, nuevamente, las desigualdades de quienes viven en barrios con derechos vul-
nerados. Rodríguez Enríquez et al.9 refiere desde este concepto a la interrelación de 4
actores: el Estado, el mercado, los hogares y la comunidad, en donde la magnitud de la
responsabilidad asumida se verá afectada por la participación de cada uno de ellos. En
América Latina, esta distribución demuestra que quienes absorben mayoritariamente el
trabajo de cuidado son los hogares y, al interior de éstos, las mujeres.
Según Menéndez10, los PSEC expresan fenómenos de tipo epidemiológico y clínico y
también “las condiciones sociales, económicas y culturales que toda sociedad inevi-
tablemente procesa a través de sus formas de enfermar, curar y morir” (p.10). En este
sentido, la determinación social parte de comprender la articulación entre los procesos
biológicos y sociales, donde lo biológico, con sus leyes y principios, está subsumido por
lo social, que constituye un plano de determinación superior11.
Buscamos trabajar la discapacidad desde la concepción social, entendiendo que resulta
de la interacción de las personas con el entorno, frente a las barreras físicas, institu-
cionales, sociales, culturales, que se les imponen cotidianamente. Las condiciones es-
tructurales del espacio urbano donde trabajamos, como en otros barrios con derechos
vulnerados, impactan en las posibilidades de desarrollo y autonomía de las personas y
grupos, produciendo y reproduciendo condiciones y situaciones de discapacidad12. Re-
tomamos la concepción de “ambientes capacitistas”, donde las barreras físicas y sociales
se ven agravadas por condiciones de pobreza, servicios de apoyo inadecuados, barreras
en las instituciones sociales significativas y reacciones sociales negativas a la discapaci-
dad13.
La mirada imperante de la discapacidad, de acuerdo con Brogna14, se centra en la “con-
dición de discapacidad” como características individuales que se valoran, definen, diag-
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